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Prioridades MINCULT

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El presente documento se propone formular en su primera parte determinados conceptos a nuestro juicio imprescindibles para enfrentar la guerra cultural y simbólica a que estamos sometidos y lograr la mayor coherencia en la aplicación de la política cultural de la Revolución por todas las entidades que de un modo u otro difunden arte cubano y extranjero. Al propio tiempo, en su segunda parte, señala un grupo de acciones concretas que (sustentadas en la base conceptual ya referida) se están llevando adelante aún de manera incipiente o que nos proponemos impulsar lo antes posible.

Resulta esencial recordar el mensaje del compañero Raúl a la UNEAC en su 55 aniversario:
Hoy estamos doblemente amenazados en el campo de la cultura: por los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y la oleada colonizadora global. La UNEAC del presente continuará encarando con valentía, compromiso revolucionario e inteligencia, estos complejos desafíos.

Las instituciones del sistema del MINCULT se sienten igualmente convocadas por estas palabras de nuestro presidente. Podrán avanzar en esta tarea descolonizadora, de defensa de la cubanía y de los valores socialistas, si son capaces de articular sus empeños, en primer lugar, con la propia UNEAC, y además con la AHS, el SNTC, el ICRT, el MINED, el MES, el MINTUR, el MINCIN, el MITRANS, el MTSS y otros organismos y organizaciones.

Para aplicar realmente una política cultural única frente a “los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y la oleada colonizadora global” hay que contar con artistas, escritores, maestros, periodistas, realizadores de radio y televisión, promotores culturales, instructores de arte y  dirigentes institucionales. Hay que fortalecer la acción concertada de todas las entidades en objetivos y tareas específicos, que aporten una mayor intencionalidad y consistencia al trabajo cultural. La real integración de las instituciones del sistema de la cultura a todas las instancias, favorecerá una mayor calidad de la programación cultural. Debe trabajarse con todos los organismos y organizaciones que puedan ayudar en la labor de formación de públicos, de valores y del gusto estético.

Hoy nuestra institucionalidad cultural es embestida por fuerzas desintegradoras de muy distinta índole. La sociedad se ha hecho más compleja y contradictoria, en medio de retrocesos éticos y conductas marginales. Se han acentuado desigualdades que pueden limitar la participación de las mayorías en los procesos culturales, crear ofertas diseñadas para sectores privilegiados y hacer retroceder una de las obras más admirables de la Revolución cubana: la democratización del acceso a la cultura como vía emancipadora del ser humano. El auge de las nuevas tecnologías ha creado una opción alternativa de acceso a la cultura, en particular en el campo de la música y del audiovisual, que tiene una enorme influencia entre nosotros. En espacios públicos bajo formas de gestión no estatal y en muchos adscritos a empresas del Estado, se presentan espectáculos y difunden productos que contradicen abiertamente la política cultural del país.

En determinados segmentos de la población, se advierten tendencias procapitalistas, neoanexionistas y un deslumbramiento colonizado ante los modelos hegemónicos. Entre personas de cierta preparación intelectual tiene lugar una relectura deformada del siglo XX en Cuba, incluyendo la República neocolonial y el período revolucionario. Esto ha sido favorecido por las nuevas condiciones creadas por el creciente intercambio cultural con los EEUU.
A pesar de estas manifestaciones, nuestro pueblo y en particular los jóvenes han reaccionado ante el hecho tan doloroso del fallecimiento de Fidel con muestras muy hondas de dolor y compromiso. Fue muy evidente la existencia de grandes reservas morales y revolucionarias. El legado de Fidel proporciona a la Revolución un caudal de ideas y valores insustituibles para la defensa de nuestros principios.

Mantener vivo a Fidel, garantizar la continuidad de la Revolución, combatir toda expresión anexionista y pro capitalista, son tareas fundamentales de nuestros cuadros y funcionarios, tanto en la proyección de las instituciones hacia la población como en el diálogo con los creadores. Hay que fomentar por todas las vías a nuestro alcance una cultura antiimperialista y anticolonialista. Es primordial que se comprenda en toda su dimensión la esencia profundamente anticultural e inhumana del capitalismo. Las teorías peregrinas de que el arte prosperaría en nuestro país sin las instituciones (viéndolas como una mera carga burocrática), debemos refutarlas en la práctica y en los conceptos.

Hay que empeñarse día a día para reforzar los valores del socialismo a través de la cultura. Debemos lograr que la población perciba, en su participación activa en los procesos culturales, satisfacciones y vías de realización no vinculadas a lo material y que identifique ese bienestar con el hecho de que vive en una sociedad socialista.

Debemos estimular a nuestros creadores, cuadros, funcionarios y trabajadores a mantenerse informados sobre la situación nacional e internacional. Sería absurdo eludir los problemas internos en los debates que se sostengan; pero hay que apreciar también, integralmente, la crisis global que vive la humanidad en el presente. El bloqueo contra Cuba se mantiene intacto; una ofensiva reaccionaria amenaza con liquidar los avances de las fuerzas progresistas en América Latina; prosigue indetenible el deterioro del medio ambiente ante la negligencia irresponsable de las élites y la desenfrenada carrera consumista; la política ha caído en el descrédito, y el destino del planeta está en manos de poderosas transnacionales; crecen las tendencias fascistas, el racismo, la xenofobia, la violencia incontrolada y cada vez más cruel e insensata y los dramas asociados a la emigración de quienes huyen de las guerras y el hambre.

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